Los convenios de Bolivia y Venezuela con Irán y Rusia para producir energía nuclear

Con una diferencia de dos semanas, los presidentes de Bolivia y de Venezuela han firmado, respectivamente, acuerdos con Irán y con Rusia, en materia de energía nuclear. El presidente Evo Morales acordó con su colega iraní, Mahmoud Ahmadineyad, desarrollar la cooperación del uso de energía nuclear con fines pacíficos, tras haberle expresado su deseo de construir en Bolivia una planta. Por su parte, Hugo Chávez, concretó con Rusia un acuerdo para la construcción de la primera planta nuclear en Venezuela.

Estos acuerdos en materia de energía nuclear muy posiblemente reactiven la alarma en algunos analistas. Alarma que se activó ya desde el momento en que Venezuela, en 2006, intensificó sus relaciones con Irán; al año siguiente Irán también estableció relaciones con Bolivia y Nicaragua y en 2008 con Ecuador. Países todos ellos miembros de la Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), liderada por H. Chávez. Aunque las relaciones con cada uno de estos países han sido de diferente intensidad y se han centrado en cuestiones de muy distinta índole, la semilla de la desestabilización para muchos observadores estaba sembrada. Ya por aquel entonces y en relación a los acuerdos firmados en materia energética entre Venezuela e Irán, el periódico norteamericano Wall Street Journal denunció con gran preocupación que mediante la colaboración de estos dos países se estuviera "trabajando en desarrollar energía nuclear y misiles" en su "propio patio trasero".

Las numerosas afirmaciones vertidas en este sentido por toda la prensa internacional, no sólo la norteamericana, se basaron fundamentalmente en elucubraciones y afirmaciones no probadas. Los temores sobre la posible utilización de energía nuclear para fines militares, por parte de Irán, explican esta alarma. Sin embargo este temor acaba por suponer que toda iniciativa y acuerdo internacional llevado a cabo por esta república tiene por objeto fabricar misiles nucleares en el mundo entero en general y en América Latina en particular. La presencia de Rusia también ha creado preocupación y controversia. Al punto de que la colaboración rusa con Venezuela se ha llegado a leer como la instauración de la segunda guerra fría en América Latina. No cabe duda que tanto un país como otro, aunque por diferentes cuestiones, desempeñan un papel internacional controvertido, pero para lograr análisis rigurosos es preciso prescindir de visiones con tintes paranoicos.

Antes que nada y más allá de las intenciones de estos países, hay que empezar a asumir la existencia de nuevos actores estratégicos y la diversificación de las relaciones internacionales. Esto explica la llegada de China, junto a Rusia e Irán, a la región latinoamericana, como nuevos actores. Países que nunca habían mirado hacia América Latina y que sin embargo cada vez tienen más presencia en toda la región, especialmente Rusia y China, quienes han establecido relaciones con otros países no sólo con los países del ALBA.

También hay que tener presente los intereses de los países latinoamericanos y muy especialmente de los países ALBA, en particular Venezuela, que en los últimos años han provocado importantes tensiones regionales. Ciertamente, el agresivo y beligerante discurso así como la actitud de su presidente son motivos suficientes para plantearse cuáles son las autenticas intenciones de Venezuela y los países ALBA al establecer relaciones con Irán y en concreto respecto a la producción de energía nuclear.

La elección de Rusia e Irán, como países aliados, no es casual en el caso de Venezuela. Por el contrario es absolutamente premeditada, ya que es un medio de expresar de manera mediática su visceral antiimperialismo. Y no creo que a estas alturas alguien pueda negar la capacidad de proyección mediática de Hugo Chávez. El radical planteamiento antiimperialista de Venezuela contra Estados Unidos ha justificado la diversificación de relaciones con otros países y muy particularmente de aquellos que, como Rusia, rivalizan con Estados Unidos o, como Irán, que comparte la misma verborrea antiimperialista.

Por todo ello cabe afirmar que en el caso de los países ALBA, y muy particularmente de Venezuela, las razones que explican las intensas relaciones con estos países son fundamentalmente ideológicas y propagandísticas. Motivos que restan a priori fuerza a la posibilidad real de llevar a cabo un programa nuclear con fines militares, gracias a la colaboración iraní. La escasa concreción de la cooperación entre Irán y Venezuela es prueba de ello. Por el momento lo importante no es tanto la materialización de los acuerdos como divulgar que existen. Su publicitación supone la existencia de un frente internacional antiimperialista, que junto con países, como Siria o Libia, estaría dispuesto, según la propaganda antiimperialista, a resistir este tipo de dominación.

Los innumerables convenios de cooperación firmados han sido cuidadosamente seleccionados y muy particularmente los relacionados con programas para desarrollar energía nuclear. Venezuela o Bolivia, saben muy bien que parte de las sospechas que existen sobre ellos en relación a producir energía nuclear con fines militares se disiparían si no firmaran convenios de cooperación en esta materia. Sin embargo, en la medida que las motivaciones son fundamentalmente ideológicas tanto para Irán como para sus aliados latinoamericanos, se pretende reafirmar, con la firma de estos convenios, que Irán no contempla la fabricación de armamento nuclear sino la producción de energía nuclear para fines pacíficos.

Además de este argumento se podrían agregar algunos otros para rebatir la intención de producir armamento nuclear por alguno de estos países latinoamericanos. Pero cabría incluso cuestionarse la posibilidad de que realmente llegaran a producir energía nuclear para fines pacíficos. Este proyecto exige de un esfuerzo de inversión, que por diferentes motivos, ninguno de estos dos países está en circunstancias de poder hacer en este momento. Máxime cuando no es una prioridad ya que tanto uno como otro disponen de abundantes recursos energéticos, que aunque agotables, además durante bastantes años les van a proporcionar sus principales ingresos.

En cualquier caso, lo que posiblemente tranquilice a las voces más alarmistas no serán las particulares circunstancias de Venezuela y Bolivia, sus intereses y objetivos para poder considerar las posibilidades de llevar a cabo semejante proyecto; sino que el subsecretario de defensa norteamericano para América Latina haya descartado esta posibilidad. Sin embargo, incluso Estados Unidos puede equivocarse. Para una cuestión de tal trascendencia lo mejor es evitar paranoias que enturbien el análisis de la realidad. Mientras que la paranoia antiimperialista denuncia incansablemente la inminencia de un ataque norteamericano, en nada contribuye que la paranoia antipopulista imagine permanentemente el ataque, en este caso nuclear, de un eje de países antiimperialistas.  

 

*Sonia Alda es Doctora en Historia por la UAM y profesora en el IUGM

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